La ansiedad del primer día pasó. De a poco, los abogados defensores, los representantes de la querella y de la acción civil y la fiscala de Cámara, comenzaron a desplegar sus estrategias; y la voz de los imputados podrá ser escuchada. La etapa preliminar culminó, y aunque los vocales de la Sala I de la Cámara Penal, Pedro Roldán Vázquez, Carlos Norry y Emilio Páez de la Torre deben decidir si aceptan o rechazan los planteos realizados por la partes y los pedidos de incorporación de nuevas pruebas, los ojos estarán puestos en los imputados, que tendrán la primera oportunidad de hablar en el debate oral por el homicidio del juez Héctor Agustín Aráoz.
A las 17 se dará inicio a la tercera jornada del juicio. Los camaristas adelantaron que van a expedirse sobre algunas de las cuestiones planteadas ayer por las partes, y que la decisión sobre otras va a ser diferida para resolver durante el transcurso del debate. Luego, los cinco imputados deberán sentarse frente al Tribunal y, luego de las preguntas formales de rigor, anunciarán su decisión de declarar.
Hasta ahora, Darío Pérez, Andrés Faversani, Rodolfo Domínguez y Rubén Albornoz aceptaran dar su versión y ser interrogados por los abogados. Ema Hortencia Gómez, por su parte, calló durante toda la investigación, y nada indica que esta vez vaya a modificar su postura, aunque en varias entrevistas había adelantado que en el juicio iba a contar su verdad.
Desde que fue detenida el 26 de noviembre de 2004, el mismo día que mataron a Aráoz, la ex agente guardo un hermetismo absoluto sobre lo que pasó esa tarde. "Niego los cargos que se me imputaban y me abstengo", dijo al fiscal de Instrucción Guillermo Herrera cuando la interrogó. Y cada vez que LA GACETA pudo entrevistarla, accedió con la condición de no hablar del asesinato.
Frente al fiscal, Pérez contó que Gómez lo había llamado insistentemente ese día. Le había pedido que almorzaran juntos, pero el no podía acompañarla porque estaba trabajando en su remise. Los llamados continuaron, pero el no la atendió. "A la noche, me llamó mi hermana Juana Pérez y me dice que me había llamado Ema Gómez. Ella le había pedido que me ubique ya que no se podía comunicar conmigo. Mi hermana me dijo que la había notado muy nerviosa y con voz llorosa y decía que tenía un problema", afirmó Pérez. "A las 18.50 recibí un mensaje de Ema que decía ?hice algo malo, ayudame por favor?. Yo lo leí y no lo contesté. El día del hecho estuve trabajando en la remisería, ello lo pueden corroborar en las planillas", dijo.
La declaración de Faversani, Domínguez y Albornoz apuntará a comprobar que ese día estuvieron en la comisaría de Banda del Río Salí, donde trabajaban, y que Gómez llegó a la noche llorando, y les pidió que la acompañen hasta la casa de Aráoz, su novio. "Gómez me llamó por teléfono a la comisaría. Ella decía que tenía miedo y que quería hablar conmigo. Como yo no podía, en ese momento, fue a buscarme hasta la comisaría. Me dijo que tenía miedo porque la habían llamado a su celular y le habían dicho que su novio estaba muerto", dijo Faversani al fiscal Herrera.
Domínguez, que en ese entonces era jefe de la comisaría, declaró que estaba abonando al personal, cuando Faversani le avisó de la presencia de Gómez. "Salí junto a Faversani y Albornoz y nos dirigimos hacia la casa de Aráoz. Yo le dije a Albornoz que lleve una máquina y papel", había declarado el comisario.
"Cuando llegamos al lugar, la chica vio que faltaba el candado. Ella entró junto con Faversani, pero este volvió cuando salió el perro. Ella ingresó a la vivienda, prendió la luz y luego comenzó a gritar y llorar. Salió descalza. Tenía sangre en las manos y creo que en los pies también. Decía que había mucha sangre en el baño y el juez estaba tirado muerto", manifestó Albornoz a Herrera. Nada parece indicar que la declaración que brindará hoy alguno de los acusados vaya a cambiar. Pero si Ema Gómez decide hablar, tal vez comience a correrse el velo que cubre el crimen del juez.